Manzanas con sabor a bosque: El día en que la ciudad cosechó esperanza en Punata

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Noticias AGRECOL Andes (31/01/2026) Cochabamba – En la comunidad de Larasuyo, donde el sol de Punata suele pegar con fuerza sobre esta fértil tierra, existe un rincón que desafía la lógica del monocultivo. No es solo una huerta; es un sistema vivo que exhala frescura. Allí, entre el aroma del pasto recién cortado, las hojas húmedas y el crujir de las ramas, el sábado pasado 31 de enero un grupo de 70 consumidores urbanos, dejó de lado las bolsas plásticas del supermercado para aprender, de rodillas y con las manos en la tierra, que otra agricultura es posible.

El milagro de Don Salomón

José Salomón Rojas camina por su parcela con la tranquilidad del que ha hecho las paces con la naturaleza. Ante la mirada curiosa de los visitantes, Salomón señala una fotografía de 2018: tierra labrada y destinada al monocultivo de cebolla. “Mis abuelos y papás producían así”, recuerda. Hoy, ese mismo suelo sostiene un ecosistema vibrante donde 400 manzanos crecen protegidos por 400 árboles forestales.

“Desde que inicié la parcelita, solo puse un balde de guano; hasta ahorita no ha entrado ni un gramo de abono químico”, afirma Salomón con orgullo. Su éxito radica en haber dejado de pelear contra el entorno para empezar a imitarlo.

Hacer agricultura creando bosques

Lo que ocurre en la tierra de Salomón es la aplicación de un Sistema Agroforestal (SAF), un enfoque que integra árboles forestales y nativos con cultivos frutales en una misma parcela. Lo verdaderamente novedoso de este modelo es que rompe con la lógica del monocultivo tradicional que suele agotar y desertificar los suelos. En lugar de depender de insumos externos, el SAF utiliza la poda anual de los árboles para que su biomasa nutra la tierra, permitiendo que la fertilidad se regenere de forma autónoma bajo un microclima de sombra y humedad que protege la producción.

Esta transición es la que emociona al ingeniero Serafín Vidal, quien observa el dosel verde —ese techo de copas entrelazadas— con satisfacción. “La intención es mejorar la fertilidad del suelo. Haciendo agricultura hacemos bosques”, explica Vidal, subrayando que el sueño es que el agricultor deje de avanzar sobre la frontera agrícola para convertir los desiertos en ecosistemas productivos.

La clave del éxito de Don Salomón ha sido la paciencia y el respeto por los ciclos naturales:

Sin químicos: Desde que inició la parcela, no ha entrado «ni un gramo de abono sintético».

Al principio usaba caldos de azufre y ceniza para las plagas, pero hoy el ecosistema está tan equilibrado que la producción mejora sola cada año.

Por su parte, el coordinador del “Progama Metropolitano” de la FUNDACIÓN AGRECOL Andes, el ingeniero agrónomo Alberto Cárdenas, reforzó la importancia de este vínculo entre el campo y la mesa. Para Cárdenas, el consumidor no es un comprador pasivo, sino un «co-productor» que, al elegir estos alimentos, sostiene un sistema de «círculos cortos» donde el beneficio llega directo al productor y la salud llega así al hogar. Al contrario del camino tradicional en el cual el agricultor oferta sus productos en el mercado “esta vez el mercado se vino al campo” reflexionó Serafín Vidal al compartir un refrigerio de queque y jugo de las manzanas de la huerta con los integrantes de las 22 familias procedentes de la ciudad de Cochabamba.

El despertar del consumidor

Para quienes llegaron desde la ciudad, la diferencia no solo está en la vista, sino en el paladar. «La zanahoria de aquí es sabrosa, tiene sabor a zanahoria; las otras son duras y con nervios gruesos», comentó Nicolás Rodríguez mientras compara los sabores que la industria ha desdibujado.

Pero más allá del paladar, lo que moviliza a estos visitantes es una preocupación compartida por la salud y una profunda desconfianza hacia el mercado convencional. Ana González resumió este sentimiento al señalar la falta de regulación en el país sobre agroquímicos que ya están prohibidos en el resto del mundo. Para ella, al igual que para la mayoría de los asistentes, elegir productos agroecológicos es una medida de protección familiar; es la búsqueda de alimentos «limpios» y «sanos» que no carguen con el peso de los venenos químicos. Esta motivación resonó en cada rincón de la huerta: desde quienes buscan asegurar la nutrición de sus nietos, hasta quienes, como Nancy Valenzuela, ven en esta labor una forma de «cuidar la salud del prójimo» frente a la oferta de productos transgénicos y procesados de los grandes mercados.

Ana González, clienta fiel desde hace una década, sostenía una manzana recién cortada como si fuera un tesoro. “Frente a una crisis climática terrible, la agroforestería es hoy la principal arma de lucha que tenemos los humanos para conservar nuestra amada tierra”, sentenció con una claridad que parecía silenciar por un momento el bullicio de la cosecha.

Un cierre con sabor a futuro

La jornada terminó con canastas llenas y rostros encendidos por el sol y la satisfacción. La excursión no fue solo un paseo; fue una lección de humildad frente a un ecosistema que, si se le trata con respeto, devuelve frutos dulces y aire puro.

Al despedirse de Don Salomón, los consumidores no solo cosecharon manzanas; se llevaron la certeza de que, en un pequeño rincón de Punata, el futuro de la alimentación ya ha comenzado a brotar, un árbol a la vez.